En la pared
Albo ladrillo
cimentado en el muro
de la blancura.
Zapato
Pïel bovina
de entaconado paso
baila por doquier.
Puerta
Vano enmarcado;
el heraldo de allende,
de adentro y afuera.
Ventana
Es realidad
encerrada en paisaje
de acre cristal.
Ruido
Flor estridente;
Melódicos botones
Del blanco azahar.
Sombra
Oscura nadería;
materia cenagosa
atada al suelo.
Rojo
Atardecer:
silencio carmesí
de sol mojado.
Coma
Pausa melódica,
cesura meditada;
la mosca muerta.
Metajai-kai
Cinco: sin sombra;
siete: ni sal, ni sol...
sólo aquiescencia.
Vida
Mujer: dos sílabas;
por un húmedo abismo
están cortadas.
Sexo (I)
Fruto de la vida
caído del gran árbol
de la Ciencia.
Sexo (II)
Fruto de la vida:
perpetuidad jugosa
y dulce goce.
Sexo (III)
Río amoroso;
dos sílabas: mujer
de agua otoñal.
Soledad
Nostalgia lúgubre:
cementerio de besos
y remembranzas.
Los fantasmas de mi voz están – algunos atrapados – entre la tinta de esta pluma y la blancura de estas hojas... Suponiendo que estoy escribiendo con tinta sobre hojas blancas.
Música
domingo, 5 de febrero de 2012
GUANAJUATO
(I) La ciudad
Guanajuato, tierra de muertos
habitada por vivos, o viceversa.
Pueblo que acuna la promesa
de una independencia incipiente
cuyo derredor abraza la globalización.
Guanajuato, reducto de extranjeros
donde nadie es extranjero.
Y ranas, leones y salamancas;
y fresas, cajeta y mineras;
y dolores, estandartes y alhóndigas.
Guanajuato, calles empedradas
que terminan en cúpulas
-alguna vez monásticas
y otras, pretenciosas.
Sempiterno cementerio
de besos y otros evangelios.
(II) El hombre
Permanezco inmóvil, inmerso
en el espeso silencio que reina
en estas salas oscuras.
La luz de la lámpara en mi cuerpo
descubre distintos recuerdos
del porvenir que llegó muy tarde,
que fue asfixiante.
Desperté de un sueño que no fue eterno.
Desperté y el mundo seguía allí,
mostrándome sus seis caras sombrías.
Y yo estaba recostado sobre una de ellas,
irremediablemente enclaustrado.
En esa sofocante oscuridad, nadie pudo advertir
mis gritos, lamentos, gestos de dolor.
Todo exponencialmente amplificado
por el número de metros que yacía bajo tierra.
El tiempo avanzó impreciso sobre mis horas
mis días, meses y años.
Hoy, como ayer la oscuridad,
la luz lastima mis entrañas,
las penetra cercenando mi piel.
Ahora permanezco inmóvil
y soy poco menos que nada.
La luz trepana la materia corpórea
y deja una estela de sombra fragmentaria,
incompleta -como toda existencia humana.
Soy una sombra raída por la luz,
y nunca volverá la sombra de mi sombra
para llenar los vacíos de mi vida.
Soy nada hecho de sombra
resquebrajada.
26 enero 2012
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