Música

sábado, 12 de abril de 2014

RESEÑA

Poemas de terror y de misterio,
Luis Felipe Fabre.
Almadía, México, 2013.

Por Alfonso Domínguez*

Catalogado como uno de los mejores poetas jóvenes de habla hispana del momento, Luis Felipe Fabre (México, 1974) vuelve a llamar la atención de propios y extraños con sus Poemas de terror y de misterio. Antes ya lo había logrado con Cabaret Provenza en 2007 y ahora parece que también. Veamos por qué.
Algunos críticos consideran Poemas de terror y de misterio como uno de los mejores libros del 2013. Habrá que pensar el porqué de esto a partir de las preguntas que el mismo Fabre formuló en alguna entrevista: ¿Lo que encontramos dentro de Poemas de terror y de misterio es poesía, son poemas, ya no digamos arte? ¿Por qué tanto desdén desde la trinchera de la crítica literaria hacia el trabajo de Fabre y tanto desenfado por parte del poeta con respecto a ésta?
        Evidentemente aquí no ofreceré una respuesta única e irrefutable al respecto; más bien trataré algunos aspectos del libro que la crítica le reprocha y otros por los que considero que su trabajo puede vacilar entre lo ridículo y lo osado.
        Comenzaré por compartir mi experiencia cuando leí por primera vez el libro. Después de leer los dos tráileres del principio pensé en dejarlo porque me pareció que estaban para morirse de risa. ¿Dónde quedaron las palabras rimbombantes, los versos iluminadores, las imágenes oscuras y los temas más sublimes? En ninguna parte, por supuesto. Pero tiempo después me pregunté: ¿no será acaso ésta una intención de Fabre: asustar al lector tradicional de poesía, horrorizar al crítico literario?
(Ahora que ya he leído sus Poemas de terror y de misterio más de tres veces, estoy seguro de que sí. Además, también estoy seguro de que tiene otras intenciones más perversas.)
        Seguí con mi lectura y quizás antes de terminar la primera mitad del libro ya estaba acostumbrado al tono lúdico, jocoso y sarcástico de Fabre. Sin embargo, había algo que todavía me chocaba: todo lo que está de moda está en Poemas de terror y de misterio. Los performances, los artistas, el mundo artístico, sí; los vampiros, los zombis, los monstruos, sí; pero también la violencia, la posmodernidad, la incertidumbre.
        Así, cuando terminé de leer Poemas de terror y de misterio, me surgieron muchas dudas con respecto a la poesía, a la literatura, al arte. ¿Qué es poesía?, ¿el trabajo de Fabre sería menos escandaloso si escribiera en prosa y no asumiera su obra como poesía? Por ejemplo:
Una trágica historia de amor: dos amantes
que la muerte separa:
una dama fantasma, un poeta desesperado
¿Qué es literatura?
Información importante:
las clases de baile hawaiano se suspenden
hasta nuevo aviso 
Si lo anterior estuviera escrito en una hoja suelta pegada sobre la puerta de algún gimnasio, ¿sería literatura? ¿Qué es arte?, ¿un artista que escribe sobre el performance de otro artista en una galería de arte donde los espectadores caminan con los ojos cerrados y se tropiezan con una silla? 
   Para no extenderme demasiado, evitaré responder a las preguntas de arriba, pues en esta ocasión no me interesa definir el arte, la literatura, la poesía. Por ende, tampoco puedo decir con contundencia si el trabajo de Fabre puede incluirse en alguna de éstas. Lo que sí puedo decir es que, por ejemplo, de las seis personas (lectores no especializados de poesía) a las que les di a leer dos o tres poemas de él, le gustó a cinco. ¿Por qué? ¿Porque es fácil de leer? ¿Porque aborda los temas de moda? ¿Porque tiene una referencia velada a la realidad en que vivimos? ¿Porque se burla de todo? Puede ser.
     Poemas de terror y de misterio viene hacia nosotros para cimbrarnos, llega con la intención más que evidente de perturbar al lector tradicional de poesía. ¿De qué manera logra su objetivo? Veamos un ejemplo:
5
Los zombis: una nueva oportunidad
para que el gobierno
demuestre su ineficacia y corrupción.
6
Los zombis: una nueva oportunidad
para que la sociedad demuestre
su complicidad y corrupción.
7
Los zombis: la descomposición del tejido social en persona.
8
Los zombis:
la persistencia post mórtem del hambre y la miseria
avanzando hacia ti.
      Primero: hablar de los zombis, en poesía, nos resulta extraño, antinatural como ellos mismos. Segundo: deconstuir la noción de zombi para integrarla a nuestro contexto nos parece una empresa muy singular, un tanto cuanto radical. Tercero: juega con el sentido de palabras como “corrupción” o “tejido social” para quizás decirnos otra cosa, en un segundo o tercer grado de lectura; a saber: en un primer grado, funciona en la narrativa propia del poema (personificación del zombi); enseguida, en la narrativa de todo el libro (el zombi como hilo conductor del texto); después, en nuestra lúgubre realidad. Es decir que este y otros poemas de Fabre tienen, en menor o en mayor grado, una implicación más allá del mero anécdota de los zombis; Fabre los toma como pretexto para dialogar alegóricamente –bien o mal, si es que todavía podemos apelar a estos conceptos– de otra cosa.
Por lo anterior, me parece que, en cuanto al fondo y a la intención, Poemas de terror y de misterio tiene algo que ofrecernos, por mínimo que sea. (No queramos ponerlo en un pedestal porque vamos a reírnos todos de él.) Y es muy probable que los críticos le reprochen la forma en que lo hace. Yo me imagino a Fabre regodeándose entre tanta maledicencia a propósito de su trabajo. Tal vez ésta también sea una de sus perversas intenciones: ¿a qué adolescente no le gustaría hacer enojar a su mamá con tal de que le preste atención? Así pues, para algunos espíritus críticos, el explícito propósito de Fabre resulta más una cándida perversión que un intento por desestabilizar, mover, borrar, transgredir los límites de una institución como la literatura con el fin de re-definirla. ¿Para qué replantearnos por enésima vez si esto es o no es literatura? No lo sé, pero siempre es bueno preguntárnoslo.
Finalmente, quiero concluir con una pequeña cavilación sobre el libro en general. Si tomáramos un poema cualquiera, seguramente lo encontraríamos pobre, inconsistente, sin chiste; al menos esto sucede con los poemas de la catástrofe zombi, porque los pastiches (mashups) de Sor Juana tienen algo de mérito que valdría la pena analizar en otro momento. Pero, retomando mi hipótesis, me parece que los poemas de Fabre son también una suerte de zombis: un solo poema-zombi no nos asustaría –en el sentido en que no nos causaría una emoción muy fuerte– tanto como una jauría de éstos. Los poemas-zombi de Fabre nos atacan, quieren comerse nuestros cerebros y con ellos los conceptos de poesía, literatura y arte, entre otros. Los poemas-zombi de Fabre nos atacan, y habrá quien decida ocultarse de ellos, otros intentarán combatirlos. Los poemas-zombi nos atacan y llaman tanto la atención, como en su momento Lady Gaga o, más recientemente, Miley Cirus – ¡qué posmodernos!


*Una versión editada de esta reseña fue publicada en el número 67 (marzo 2014) del Periódico de Poesía de la UNAM. 

lunes, 24 de febrero de 2014

La experiencia de traducir y un comentario crítico acerca de la traducción de “Récitatif” de Jacques Réda

Puede decirse que mi experiencia en traducción es mínima. No obstante, las pocas traducciones que he hecho han sido de poesía. Las primeras fueron del poeta barroco Théophile de Viau; y en ese entonces no tenía ninguna metodología para traducir, así que traduje literalmente y posteriormente intenté que los versos rimaran de algún modo, incluso transgrediendo el patrón de la rima en el original francés. Ahora quizás no me atrevo a nombrar lo que hice como una traducción, sino más bien como una adaptación rimada (sic) en la que, sin  embargo, pueden apreciarse cuartetos bien logrados como éste:


Amor por tu mirada ya suspira,
y muy pronto tu esclavo viene a ser:
prisionero de sí mismo admira
cómo de su imperio perdió el poder. 

Amour de tes regards souspire,
Et, ton esclave devenu,
Se voit luy-mesme retenu,
Dans les liens de son empire.


Las palabras y la idea me parece que son las mismas en el fondo, aunque la forma sea otra. La rima abrazada del original se convierte en una rima cruzada en mi adaptación; además de que el metro en español es más largo, por lo que decidí poner palabras de más para que el verso en español fuera regular. Sin embargo, repito, esto lo hice sin una metodología elocuente. La segunda traducción fue para un experimento en una revista cultural de Guanajuato. Fuera de ello, el resto de las traducciones que he intentado han quedado en eso: en intentos.
           Por otra parte, mi experiencia con la poesía la considero suficiente. Comencé a leer poesía en la secundaria, los típicos poemas de amor. Ay. Pero cuando aprendí a leer en francés quedé fascinado por los poetas de esta lengua, los clásicos: Ronsard, Malherbe, Racine, Hugo, Baudelaire, Rimbaud, Mallarmé, Valéry… Con ellos aprendí no sólo el peso específico de cada palabra, sino también sus formas –contenidas en otras formas–, sus sonidos, sus silencios. Dicho esto, y con el descubrimiento de más y de muy buenos poemas escritos en francés, pienso a menudo en lo terrible que es que estos o aquellos poemas no puedan ser leídos, sentidos y escuchados en español. Así que entre un altruismo asaz hipócrita y un cándido regodeo personal, opté por intentar traducir poesía con seriedad,[1] aunque haya quien diga, “ya sean teóricos o prácticos, que traducir poesía es algo imposible (lo afirmó R. Jakobson y lo susurran muchos traductores metidos en esta delicadísima operación), y sin embargo la poesía, lo poético siempre ha sido y seguirá siendo objeto de multitud de intentos de aproximación y de reformulación de una lengua a otra”.[2]
He resuelto seguir en primera instancia la idea que Sáez Hermosilla expone sobre la traducción:
En toda traducción hay entropía, es decir, pérdida o ganancia y en definitiva cambio, pero cambio a pesar de y gracias a un proyecto de convergencia y equivalencia. En la fase de interpretación tiene el traductor que conseguir un acercamiento máximo al mensaje total, y en la fase de reformulación un distanciamiento mínimo de lo esencial de ese mensaje.[3]
            Completándola con lo que dice Mauricio Beuchot acerca de su ideal de traducción:
Siempre el ideal será apegarse lo más posible al texto, y con la fraseología que suene mejor en castellano. Por eso muchas veces no basta traducir adaptando sintáctica y semánticamente, hay que llegar a la pragmática. […] Hay que atender no sólo a las significaciones registradas de la palabra, sino al uso. Aunque sea determinándolo en ocasiones dentro del texto mismo que se traduce, por el contexto.[4]
            En segunda instancia, he adoptado la metodología de trabajo por etapas que aconseja Robert Bly[5] y que de la misma manera aplica Susan Bassnett:
My first stage is a crude handwritten draft that I often never refer to again. I see this as a necessary stage, a stage of ‘writing the reading’ in some palpable form. Writing mechanically for page after page fixes the reading of each individual sentence; it shows up the problem points, the deficiencies in my understanding and the places where more work is needed.[6]
            Ahora bien, el poema de que me he encargado de traducir es el poema extenso “Récitatif” de Jacques Réda. Este consta de tres partes, de las cuales sólo los problemas traductológicos de la segunda comentaré aquí. Empero, traduje las otras dos partes con el fin de realizar un trabajo redondo en el que las tres partes traducidas valieran por las tres partes del poema original.
            En mi opinión, la comprensión que he tenido del poema no es total todavía, pues éste tiene distintas imágenes que no me resultaron tan claras. De esto hablaré más adelante. Además, hay que decirlo, existen algunos conceptos en francés que aún me cuesta trabajo entender, por lo que este trabajo de traducción es apenas precario y por ende perfectible. A pesar de todas las dificultades que iré comentando aquí, me parece que he logrado descubrir el tono del poema (hallazgo muy importante para mí), por lo que en las últimas versiones creo que pude reproducir el tono del poema en español. Sin más preámbulo, muestro la primera versión de la segunda parte de “Récitatif”:

 RECITATIVO (II)
Sin embargo, escúchame:
alguien dulcemente en camino hacia la ya-no-persona dice yo
deja caer deja pesar deja flotar morir
la pequeña lluvia las montañas los árboles las nubes;
dónde aquí allá por todos lados alguien esperado caminó sacando
un hilo invisible del vacío en movimiento de su presencia;
él empujaba puertas, se
metía en la entrada perjurando contra el mismo armario
y lloraba en su cama cerca de los cuarenta años
por cosas de Dios, de infancia; tenía
un miembro un alma un corazón de verdadera almohada en tus  brazos
teóricos de hermana como un hotel donde la memoria
golpea de noche habiendo perdido casi toda su carga
en los recovecos del gran recolector que nos había empujado de vientre en vientre
en el refugio cálido durante ciclos de geología-
y entonces lanzados ¿por qué hacia esa confluencia de gestos bloqueados
de adulterio o de incesto, por qué
esta larga marcha por la oscuridad de las matrices,
si era para acabar, en el muro, sollozando como un imbécil, dejando
los huevos resbalándose sobre los azulejos de la cocina,
[si era] por comprender viendo el cielo limar sus uñas sobre los techos,
el horroroso sol propagar su límite,
que la rueda había chocado contra el último poste del recorrido
y no había nada que hacer más que ser lanzado  en la descompostura de la velocidad adquirida?
Es posible
que yo te busque aún sin deseo,
como si alguna formalidad allí jamás hubiera sido cumplida;
posible
que allí te haya buscado como en un pasillo
donde se espera simplemente la autorización de proseguir
el viaje más allá por estas complicaciones de aeropuertos y de valijas,
y que aquí tú,
eso que llamaba tú con gran estremecimiento de todo el ser,
seas esa nada vaporosa a nueve mil metros de altitud
que es el cielo no expresado con palabras de todo deseo. Me decía:
que yo muera, entonces sería el alimento insustancial de sus labios,
algo de mí que pena entrará en la curva de su nariz
e incluso más hondo puede ser; yo rogaba:
llévame a la lunación de la sangre, a los pensamientos
que pasan oblicuos por destellos bajo un cráneo de mujer, y en
sus prendas si es necesario llévame, que el calor baña de gloria. Pero mira
que aquí me contentaría con una amistad de piedra
o con la materialidad del viento que caza la ropa lavada.
Es triste. Y tampoco
muy triste. Es.
O más bien apenas no es.
Querría darme un golpe contra el hierro de una caldera y decir quémame,
perderme bajo los muros de hollín en ruinas sin decir nada —
piérdeme —
si ardiéramos, si la despistada
pudiera por fin tocar mis muñecas levantadas en el hielo,
mis rodillas dislocadas por la inutilidad de la velocidad
o mis ojos convertidos en el exterior invisible de sus párpados.
Y todavía me decía
que muerto al menos resbalando por los arroyos de agua pura,
 el granito de las aceras, la luna ciega sobre los techos;
que muerto zozobrando con la pendiente interminable de la calle
donde a tu vez irías en la noche sin mí, perdida
entre los muros y los pasillos cuando todo lo oscuro remueve
y remonta para respirar tímido en la superficie —
a la mínima señal escapada de la profundidad decisiva
(una puerta que golpetea, la lámpara naranja que se enciende)
tú sonreirías pensando es él como en otro tiempo que me llama y que me acompaña.
Desaparecí.
No solamente de la superficie donde floto y zozobro rápido como una sonrisa,
sino también de la profundidad de  paz en las piedras.
Así el agua cuando se rompen el fondo y las paredes,
el corazón, cuando su núcleo bajo la ausencia del amor estalla,
donde el vacío por todos lados tiene pendiente y pérdida se precipita —
escúchame
hablar todavía un poco  el corazón derramado en ese vacío
que se infla como una bolsa, se cierra como una bolsa —en la bolsa
los últimos restos de la voz, del corazón que se evacúa. 


            Diversos problemas se me presentaron a la hora de traducir; desde dificultades sintácticas, de contenido, hasta complicaciones de ritmo y sentido. No me detendré en todos los problemas que resolví mediante la recreación o la reformulación del verso o de la proposición, sino solamente en aquellos conceptos y pasajes que quizás no pude reproducir íntegramente en la lengua de llegada. Sobre este asunto de la recreación, Jordi Doce comenta que “para la tradición idealista alemana (a la que, en parte, se adscribe Ortega y Gasset), traducir un poema ha de suponer un forzamiento y apertura de la lengua a la que se traduce; o, lo que viene a ser lo mismo, un enriquecimiento de la propia lengua con los códigos y estructuras del idioma del poema original. De tal forma que un idioma, al abrirse a otros mediante el ejercicio de la traducción, se iría aproximando a esa lengua ideal, prebabélica, que está en el origen de la dispersión y fragmentación actuales”.[7] Esto es en parte lo que me he propuesto con la traducción de “Récitatif”, donde la apertura a conceptos y estructuras poco conocidas en el español dieran como resultado una mejor comprensión de la idea original en nuestro idioma.
Por ejemplo, en el segundo verso de esta traducción está la palabra-concepto “ya-no-persona” (le plus-personne, en francés). Evidentemente se trata de una perífrasis para referirse a alguien que está muriendo, al momento de la no-vida. Pensé en algún momento quitarle ese matiz al verso y cambiar el concepto por el de “muerte” (“alguien dulcemente en camino hacia la muerte dice yo”), que rítmicamente ayuda a la fluidez del verso, pero que conceptualmente pierde demasiado. Finalmente, gracias a los comentarios de mis compañeros y a la comprensión parcial del poema decidí guardar el concepto con la traducción literal “el ya-nadie”. Esto porque me parece que la carga del ya-nadie es algo que el poeta quiso resaltar, pues bien pudo haber escrito “en chemin vers la mort” y no fue así, por lo tanto, la lengua de origen se ve forzada a aceptar este concepto de la lengua original.
            Otro problema ocurrió en el verso 14. El original dice “tous ses bagages” refiriéndose al equipaje que pierde la memoria y que entra a un hotel. El juego de disemia es patente: por un lado, “ses bagages” hace referencia a las maletas que ha perdido la memoria; y por otro lado, esas maletas son más bien bagajes, como podríamos entenderlo también en español. Me parece que en francés el uso de la palabra bagage es más común que en español para referirse a las maletas, mientras que en español lo primero que pensamos cuando vemos esta palabra es en el “bagaje cultural”, no tanto en maletas. Así se presentaba este problema, que en un principio había resuelto utilizando “toda su carga” como se muestra en la traducción de arriba. Sin embargo, al final esta solución ya no me pareció pertinente y opté una vez más por restituirla con una traducción casi literal, pues utilicé “equipajes” en lugar de “bagajes” para que no saltara tanto a la vista esta última palabra –esperando que el lector pueda ver ahí una metáfora–, que en español me parece es poco utilizada fuera de la expresión ya hecha que mencioné líneas arriba.
            En el verso 35 tuve otra dificultad con el adjetivo inexprimé. Si bien en francés éste es común, en español pocas veces he oído a alguien decir “inexpresado”. No sé si las autoridades de la lengua lo aceptan. La primera solución –errónea– que propuse fue el parafraseo, donde obtuve este larguísimo verso: “que es el cielo no expresado con palabras de todo deseo. Me decía” Donde, además, había puesto inconsciente y gratuitamente “con palabras”, pues esto no se encontraba en el original. Nuevamente mis compañeros sugirieron que guardara la palabra original en español, de tal manera que el verso se acortó y se apegó más al texto fuente; aunque el afán de lograr un efecto de oralidad en el poema quizás esté mermado con estos dos últimos ejemplos que he comentado.
            Una de las mayores complicaciones a la hora de traducir está en el verso 40: “[los pensamientos] que pasan oblicuos por destellos bajo un cráneo de mujer”. Lo que está en cursivas es lo que no me suena, como interpreta una vez más Jordi Doce:
Cuando leemos una traducción mediocre decimos que no nos suena. La frase es la expresión no tanto de una voluntad normativa o normalizadora (aunque puede serlo en aquellos que hacen de la corrección lingüística una especie de baluarte profiláctico) cuando de una sospecha profunda sobre la dimensión mágica o hechizante de la poesía. El buen poema se nos impone, nos transporta, porque suena, esto es, comulgamos antes con su música que con su sentido. O mejor, su sentido es su música.[8]
 Aun ahora es complicado para mí comprender el concepto (passer de biais par éclats) y el sentido, por lo que mi primera traducción fue literal. Por eso creo que suena mal. La solución parcial que elegí fue la que surgió de una clase, donde a partir del contexto (el verso anterior y el posterior, específicamente) pudo entenderse “la idea” del autor. Esta solución es: “[los pensamientos] que pasan oblicuos como relámpagos”, dando más claridad a esta interpretación que se hizo sobre dichos versos.
            Estos fueron algunos ejemplos de los problemas que tuve que resolver en la traducción. Por supuesto que hay muchos más que si se observan de cerca probablemente me generarán más dudas y terminaré por cambiarlos. O quizá no, quizás estoy conforme con esta última versión que hice, pues conozco mis limitaciones y sé que por el momento no puedo hacerlo mejor. Me haría falta más experiencia en el campo de la traducción y, como señala Bly, alguien cuyo idioma nativo sea el francés que esté dispuesto a exponer y explicar cómo trabajan en francés algunos de los pasajes que resulten aún oscuros para mí, como los casos que acabo de mencionar. Además, afirma Amelia Gamoneda que “en la traducción de poesía está pues implicado un conocedor de la lengua de origen y de destino (para el primer nivel [competencia lingüística]), un crítico literario (para el análisis de las cualidades físicas de la lengua dinamizadas por el sentido en el texto de origen [competencia perceptiva y analítica]) y un poeta (para dinamizar dichas cualidades en el texto de destino [competencia poética])”.[9] Y de estas competencias, lingüística, analítica y poética, probablemente todavía no poseo un nivel óptimo; sin embargo, habrá que alcanzarlo.  
            Para terminar, quiero agradecer a los compañeros del seminario por sus amables y oportunos comentarios, así como a Pedro Serrano por los mismos motivos. También a Andrea Patiño Caro por su apoyo que me brindó al momento de traducir las tres partes del poema. He aquí la última versión de la segunda parte del poema, muchas gracias.


II (última versión)
Sin embargo, escúchame:
alguien dulcemente en camino hacia el ya-nadie dice yo
deja caer deja pesar deja flotar morir
la pequeña lluvia las montañas los árboles las nubes;
dónde aquí allá por todos lados alguien caminó esperó sacando
un hilo invisible del vacío movedizo de su presencia;
empujaba puertas, se
ponía en la entrada maldiciendo al mismo armario
y lloraba en su cama al aproximarse a los cuarenta años
por cosas de Dios, de infancia; tenía
un miembro un alma un corazón de verdadera almohada en tus brazos
teóricos de hermana como un hotel donde la memoria
golpea [la puerta] de noche habiendo perdido casi todos sus equipajes
en los recovecos del gran colector que nos había empujado de vientre en vientre
en el refugio cálido durante ciclos de geología-
y entonces lanzados ¿por qué hacia esa confluencia de gestos bloqueados
de adulterio o de incesto, por qué
esta larga marcha por la oscuridad de las matrices,
si era para acabar, en el muro, sollozando como un imbécil, dejando
los huevos resbalar sobre los azulejos de la cocina,
[si era] por comprender viendo el cielo limar sus uñas sobre los techos,
el horroroso sol propagar su límite,
que la rueda había chocado contra el último poste del recorrido
y no había nada que hacer más que ser lanzado en la descompostura de la velocidad adquirida?
Es posible
que yo te busque aún sin deseo,
como si alguna formalidad ahí jamás hubiera sido cumplida;
posible
que ahí te haya buscado como en un pasillo
donde se espera simplemente la autorización de proseguir
el viaje más allá por estas complicaciones de aeropuertos y de valijas,
y que aquí tú,
eso que llamaba tú con gran estremecimiento de todo el ser,
seas esa nada vaporosa a nueve mil metros de altitud
que es el cielo inexpresado de todo deseo. Me decía:
que yo muera, entonces sería el alimento insustancial de sus labios,
algo de mí que pena entrará en la curva de su nariz
e incluso más hondo puede ser; yo rogaba:
llévame a la lunación de la sangre, a los pensamientos
que pasan oblicuos como relámpagos en un cráneo de mujer, y en
sus prendas si es necesario llévame, que el calor baña de gloria. Pero mira
que aquí me contentaría con una amistad de piedra
o con la materialidad del viento que caza la ropa tendida.
Es triste. Y tampoco
muy triste. Es.
O más bien apenas no es.
Querría darme un golpe contra el hierro de una caldera y decir quémame,
perderme bajo los ruinosos muros de hollín sin decir nada —
piérdeme —
si ardiéramos, si la despistada
pudiera por fin tocar mis muñecas levantadas en el hielo,
mis rodillas dislocadas por la inutilidad de la velocidad
o mis ojos convertidos en el exterior invisible de sus párpados.
Y todavía me decía
que muerto al menos resbalando por las cunetas de agua pura,
el granito de las aceras, la luna ciega sobre los techos;
que muerto zozobrando con la pendiente interminable de la calle
donde a tu vez irías en la noche sin mí, perdida
entre los muros y los pasillos cuando todo lo oscuro remueve
y remonta para respirar tímido en la superficie —
a la mínima señal escapada de la profundidad decisiva
(una puerta que bate, la lámpara naranja que se enciende)
tú sonreirías pensando es él como en otro tiempo que me llama y  acompaña.
Desaparecí.
No solamente de la superficie donde floto y zozobro rápido como una sonrisa,
sino también de la profundidad pacífica en las piedras.
Así el agua cuando se rompen el fondo y las paredes,
el corazón, cuando su núcleo bajo la ausencia del amor estalla,
donde el vacío que por todos lados tiene pendiente y pérdida se precipita —
escúchame
hablar todavía un poco  el corazón derramado en ese vacío
que se infla como una bolsa, se cierra como una bolsa —en la bolsa
los últimos despojos de la voz, del corazón que se evacúa. 

Bibliografía

Bassnett, Susan. «Writing and Translating.» Bassnett, Susan y Peter Bush. The Translator as Writer. Londres: Continuum, 2006.
Beuchot, Mauricio. «Acerca de la traducción (hermenéutica y pragmática).» Frost, Elsa Cecilia. El arte de la traición o los problemas de la traducción. México: Dirección General de Publicaciones UNAM, 2000. 80.
Bly, Robert. «The Eight Stages of Translation.» The Kenyon Review 4.2 (1982): 68-89.
Bonnefoy, Yves. La traducción de la poesía. Trad. Arturo Carrera. Valencia: Pre-Textos, 2002.
Meschonnic, Henri. Poétique du traduire. Paris: Éditions Verdier, 1999.
Montero, Javier Gómez, ed. Nuevas pautas de traducción literaria. Madrid: Visor Libros, 2008.
Sáez Hermosilla, Teodoro. La traducción poética a prueba: exégesis y autocrítica (ámbito francés - español). Léon: Universidad de León, 1998.




[1] Creo que la digresión de Bonnefoy sobre el porqué de la traducción es importante retomarlo: “¿Por qué traducimos un poema, cuando no tenemos por qué hacerlo? ¿Para revelar la obra o mejorar la presencia –desde el punto de vista histórico o filológico– en nuestra lengua? Seguramente, es para revivir en ella la experiencia poética, para impregnarse de ella allí mismo y sólo allí donde es posible, es decir, en el habla y en la escritura con las que uno vive, experimenta y hace la obra”.  (La traducción de la poesía, p. 89-90.)
[2] Teodoro Sáez Hermosilla, La traducción poética a prueba: exégesis y autocrítica. p. 142.
[3] Ibídem,  p. 146.
[4] Mauricio Beuchot, “Acerca de la traducción (Hermenéutica y pragmática)”, en Elsa Cecilia Frost, El arte de la traición o los problemas de la traducción, p. 45.
[5] Robert Bly, “The Eight Stages of Translation”, en The Kenyon Review, pp. 67-89.
[6] Susan Bassnett, The Translator as Writer, p. 178.
[7] Jordi Doce, “Traducir: tres asedios”, en Nuevas pautas de traducción literaria, p. 16.
[8] Ibídem, p. 25.
[9] Amelia Gamoneda, “La lengua bífida de la traducción”, en Nuevas pautas de traducción literaria, p. 39.

martes, 5 de noviembre de 2013

SABES MEJOR QUE NADIE...

Sabes mejor que nadie, ******,
que soy un fracaso.
Que todo lo que hago lo hago mal
y todo lo que no hago también.
Que si me llaman poeta
siempre es acompañado
del adjetivo palomero.
Porque mis poemas sólo sirven para entretener,
es lo que dicen mis pocos amigos.
Pero quizá
los demás no se han dado cuenta de que en
entretenerte está el tenerte.
Mas no te tengo como se tiene una casa
o un automóvil  o un seguro de vida
(porque no los tengo).
Te tengo como se tiene una lengua
un nombre y una idea
–No sé cómo llegaron a mí–,
sin pensarlo.
Entonces no me importa si son poemas los que escribo
si soy poeta o palomero
o si soy un fracaso y si lo sabes.
No me importa porque te tengo
aunque no quieras.

21 septiembre 2013

domingo, 20 de octubre de 2013

CLADOGÉNESIS

Fíjate, Maila, lo que es la vida.
Esos pajaritos que
cada mañana te despiertan
con su dulce y alegre canto;
esos pajaritos que ves en el parque
y que se persiguen, que dan brinquitos
y que si vuelan es poquito,
nomás para acercarse a otros pajaritos...

Fíjate, Maila, lo que es la vida
(no lo digo yo, lo dice la biología):
esos pajaritos tan bonitos de ver
en los parques
las mañanas de domingo
no siempre tuvieron su
piquito y su gargantita
para cantar en las mañanas
cerca de tu ventana,
no siempre tuvieron plumitas
del color que más  te gusta...

Ayer tenían dientes en el pico
y branquias en las plumas;
sus alas más bien eran aletas
que les servían para moverse en
las profundidades del océano,
también les servían las aletas
para alcanzar a otros pececitos y
comérselos,
porque eran tiburones, Maila,
¿puedes creerlo?
No lo digo yo, lo dice la biología.
Y hasta le pusieron un nombre
a este suceso maravilloso:
cladogénesis.

Pero no importa tanto el nombre
sino el hecho; el tiempo
(o quizá Dios, no lo sé)
es el que hace estos milagros:
ayer los pajaritos
eran horribles de ver, temibles,
y míralos ahora, son un amor
que hasta quieres tomarles fotos siempre
que puedes, como para no olvidar su color, su forma...
y su canto, ¿cómo lo recordarás?


Por eso, Maila, no estoy desesperado
por que me veas con buenos ojos.
Esperaré a mañana a que
mi canto te sea dulce al oído
y en los parques pueda acercarme
dando brinquitos
hasta tu mano
(que es tu boca)
y me des pedacitos de pan
del pan que te sobra, sí,
pero de tu pan.
Sólo tengo que esperar hasta mañana,
Maila. No lo digo yo,
lo dice la biología. 



19 octubre 2013

lunes, 16 de septiembre de 2013

ESTO NO ES UN POEMA

Subject: Re: FW:
From: aldomi93@hotmail.com
Date: Fri, 30 Dec 2011 23:06:18 -0600
To: xxxxxxxxxxxxxx

Así es, ojalá yo no hubiera dejado pasar el tiempo,
ojalá yo no hubiera dejado de buscarte,
ojalá yo no hubiera dejado de preguntar por ti.
Ojalá yo no hubiera todo.

¿La palabra? Fueron dos palabras.
Qué bueno que a ti no te dieron la espalda, te aprecian mucho.

No sé, creo que lo justo será
que me comporte como tú ante lo ocurrido:
con una paquidérmica indiferencia.

¿Cuál sonrisa? ¿Cuáles lágrimas?

Envoyé de mon iPhone

LA VULGARISATION DE L'ÉTHIQUE LÉVINASSIENE DANS MAGNUS

D’après Emmanuel Lévinas, on doit placer l’éthique au lieu de l’ontologie dans l’ordre philosophique pour qu’on puisse comprendre Autrui. C'est-à-dire cesser de penser au Moi pour commencer à penser à Autrui ; dès le début on répond à et d’Autrui, on est responsable de lui. Cependant, il est défendu de le connaitre puisque cela signifie qu’on a dû l’assimiler, et tant pis si on atteste l’extase en étant absorbé par Autrui ; ces notions, la connaissance et l’extase entre le sujet et l’objet –Moi et Autrui–, provoquent la disparition de l’Autre et de l’Altérité. Donc, Autrui doit rester inconnu, comme un mystère. Ainsi commence Magnus, avec un mystère qui à travers les pages se déploie et se dissout, s’éclaire et se multiplie. Il s’agit de la diffusion des idées lévinassiennes par le biais du roman de Sylvie Germain qu’on remarquera ci-dessous.
            Dans Le temps et l’autre, Lévinas aborde la question du mystère comme un phénomène positif dans l’expérience de la mort si on envisage ce phénomène à partir du point de vue de la solitude.  Il existe un procès dialectique entre la solitude et la collectivité, dans lequel la solitude est synonyme d’orgueil, de virilité et de souveraineté ; elle est contraire à la détresse. Ainsi se montre Magnus : solitaire, esseulé dès le commencement et jusqu’à la fin du roman. Il doit affronter seul le mystère de la mort, de plusieurs morts, afin d’écouter Autrui. La mort est partout dans le roman : la mort de sa vraie mère –la femme flambeau, de ses oncles Franz et Georg, du prétendu Felipe Gómez Herrera, de Thea, de May, de Lothar, du vrai Clemens Dunkeltal et de son fils, de Peggy, de Frère Jean ; et on se demande : Y a-t-il une fonction de toutes les pertes subies par Magnus dont l’écrivaine se serve pour propager les pensées de Lévinas concernant l’altérité et Autrui ?
            Peut-être. Le philosophe dit que l’hypostase (l’unité indissoluble entre l’existence et l’existant) nait à partir de la solitude, et celle-là arrive dans le présent parce que c’est là où l’on trouve une sortie de Soi pour aller vers l’autre. C’est le cas de Magnus. Quand la mort d’un personnage arrive, Magnus doit se placer seul dans le présent pour continuer sa recherche. Or, selon Lévinas, « Il n’est pas possible de partir de Soi-même à moins qu’on ne reçoive rien du passé ». Par conséquent, Magnus, a-t-il dû laisser son passé à l’écart pour qu’il parte de Soi-même ? Bien qu’il ait dû surmonter les pertes, il continue la recherche de sa petite enfance ; mais, à la fin, il parait que Magnus oublie cette question pour finalement aller vers l’autre.
            Magnus est un roman de construction, le personnage principal –quoi que ce soit son vrai nom, est en quête de son identité que d’autres ont recouvert des mensonges qu’on discerne à travers les fragments et aussi grâce aux notules et aux séquences que Germain a mises sur le papier.  Dans sa quête, Magnus a affonté beaucoup de péripéties ; pourtant il a eu la liberté de recommencer plusieurs fois, et c’est un autre aspect de la philosophie lévinassienne : la liberté d’un nouveau commencement. C’est ainsi qu’on explique les modifications du nom du protagoniste. Franz-Georg Dunkeltal, Franz Keller, Adam Schmalker, Magnus. Tous ces noms ont été des nouveaux débuts pour lui. En effet, le présent déchire et renouvelle, fait commencer, il est le commencement lui-même ; et Magnus s’est déchiré et renouvelé pour re-commencer au présent encore une fois.
            Magnus recherche sûrement son identité à travers les fragments du roman, et dans cette recherche il devient responsable de lui-même. Cette responsabilité de Soi définit son identité, et pour la trouver il faut être responsable d’Autrui ; mais si on est irresponsable, on n’a pas d’identité, alors on reste dans l’anonymat et on cesse d’être. Cela est arrivé à Magnus quelques fois, l’occasion la plus évidente a été celle où Frère Jean a fait hésiter Magnus sur son nom, ou celle où May lui demandait pourquoi il avait quitté le nom d’Adam pour celui de Magnus. Durant ces moments où Magnus a changé de nom, il est resté dans l’anonymat et donc il a cessé d’être. Cela intensifie la recherche, la sortie de Soi pour aller vers l’Autre. Ainsi les trois aspects capitaux pour Lévinas –la responsabilité, l’identité et la liberté– ont étés abordés par Germain dans le roman.
            Néanmoins, il y a un événement qui est vraiment remarquable concernant l’éthique lévinassienne. Après la mort de Lothar, Myriam donne son masque mortuaire à Magnus, et on entend une résonance avec le Visage dont parle Lévinas. Le Visage d’Autrui est incarné dans celui de Lothar, et aussi dans ceux d’autres personnages. C’est ici qu’on se rend compte comment fonctionne l’éthique pour le philosophe. Certes, le Visage d’Autrui nous appelle, nous commande, nous oblige, nous pousse pour répondre à et de lui : il ne s’agit pas de connaitre –d’assimiler– Autrui, mais de re-connaitre dans son Visage l’autre, l’altérité. « La meilleure manière de rencontrer Autrui, c'est de ne pas même remarquer la couleur de ses yeux! Quand on observe la couleur des yeux, on n'est pas en relation sociale avec Autrui. », dit Lévinas. Donc, Magnus rencontre Autrui dans le masque de Lothar, qui est plutôt un signe de cette pensée. A partir d’ici Magnus commence à re-connaitre Autrui dans sa solitude, il recommence son présent si besoin est. Ce l du vrai nom effacé de Magnus peut appartenir au pronom il, Autrui, celui dont parle Lévinas.

            En guise de conclusion, on peut affirmer que Sylvie Germain a exemplifié quelques concepts de l’éthique lévinassienne à travers Magnus, dont le protagoniste est en quête de son identité ; il se sert des pertes pour recommencer son histoire et devient plus libre au fur et à mesure qu’il se montre beaucoup plus responsable de ses relations avec les autres personnages comme ses parents, ses bien-aimées, ses tuteurs,  Autrui.  

LE NOUVEAU ROMAN

La deuxième moitié du XXe siècle a été la période de la post-guerre où l’Homme a subi des changements socio-politico-ontologiques dus aux grandes transformations de  l’environnement, des relations, et de son essence même. Lors de la Guerre Froide et de la Colonisation, la conception du monde n’est pas restée celle du XIXe siècle ; il y a eu un bouleversement  dans la conscience de l’Homme –plutôt une crise omniprésente–  qui a touché tout ce qui concerne les beaux-arts. Ici, on abordera la transformation du Nouveau Roman par rapport au roman bourgeois des siècles précédents. Donc, on mettra l’accent surtout sur les aspects formels de la narration. Cela dit, on commencera par éclairer les différences entre le roman traditionnel ou de mœurs et le Nouveau Roman.
            Tout d’abord, on doit mettre en relief le thème du roman « réaliste » et « naturaliste » qui évoque le quotidien à la Balzac, la quête et l’absence de l’argent, la pauvreté, l’ascension sociale, l’ambition et la morale justicière. Dans ces cas, on distingue une réalité extraordinaire puisque l’on assiste à l’ascension d’un personnage marginal archétypique dont l’auteur raconte la vie –peut-être de la naissance jusqu’à la mort –en 400 pages. Par contre, le Nouveau Roman appelle à une quotidienneté redécouverte : il ne s’agit pas d’écrire sur les faits surprenants, mais sur les faits ordinaires sans se plonger obsessionnellement  dans la psychologique du personnage (qui n’est plus un héros). En outre, les nouveaux romanciers ne veulent que capturer des instantanés, des petits fragments de vie qui montrent la solitude, l’indifférence, l’ennui, la crise, la monotonie, le néant, peut-être. Quant aux personnages, ils ne sont plus des individus avec un nom et un prénom, ils n’ont guère d’identité. Cela veut dire que l’on ne s’identifie pas avec eux : leurs vies n’ont aucune intrigue à résoudre, comme les nôtres, peut-être.  
            Ensuite, la structure linéaire du roman traditionnel est méprisée ; la logique « cause-effet » qui auparavant servait à suivre le fil de l’histoire n’a plus sa place. Concevoir un temps circulaire cyclique, nous oblige à comprendre l’absence de fin dans les Nouveaux Romans. Il s’avère donc une structure éclatée,  c'est-à-dire qu’il n’y a pas une révélation, une résolution, mais une suite de questions, sans définir l’énigme. C’est une œuvre ouverte qui interroge le lecteur et qui ne possède pas la vraie vérité.
            Il y a aussi une autre différence de style entre ces deux types de roman. Alors que le roman des siècles précédents « enrichit » la narration par le biais du langage littéraire recherché et soutenu, les nouveaux romanciers, comme Robbe-Grillet ou Sarraute, opposent un langage plat (réduit à son expression minimale) qui sert à l’écriture objective et scientifique chère à ces auteurs. Ils s’attachent à une voix narrative en focalisations externe, à la troisième personne qui provoque la présence de l’objectivité dans les romans.
            Or, il faut remarquer les aspects du Nouveau Roman qui surpassent le roman traditionnel de telle façon que nous nous rendons compte d’un nouvel esprit de l’écriture. Certes, les nouveaux romanciers se mettent à la recherche d’un nouveau réalisme, différent de celui de Balzac ou de Zola. Pour atteindre ce but, il est nécessaire de rester immobile, de ne pas travailler le style et le langage violemment ; mais de regarder, observer, examiner, scruter plusieurs fois le même objet afin que nous puissions re-connaître, re-signifier ce que nous voyons. Pour « L’école du regard » l’influence du cinéma sur le Nouveau Roman est évidente. Mais, qu’est-ce que les nouveaux romanciers aimaient follement regarder-écrire s’ils ne voulaient pas décrire la psychologie des personnages ? Les objets, bien sûr. Ceux-ci acquièrent une grande importance dans ce type de romans, parce que les auteurs les décrivent beaucoup mieux que les personnages ; ils se voient même effacés : la chose a supplanté le personnage. C’est cela que l’œil de la caméra veut focaliser.
            Finalement, un autre aspect très important de la narration, c’est l’exploration des flux de la pensée. En effet, l’écriture chez les nouveaux romanciers avait une signification par elle-même, c’était une réflexion sur la création littéraire en soi, comme l’a déjà mentionné Ricardou. De sorte que nous trouvons une aventure intime de l’auteur ; alors que ses prédécesseurs écrivaient des aventures, peut-être intimes, mais aussi des personnages. Parfois  on écoute la voix de l’auteur à travers le discours indirect ou le monologue intérieur, tandis qu’avec les écrivains du Nouveau Roman on perçoit leur conscience. Les pensées se glissent entre les interstices des œuvres ouvertes, qui ne donnent pas au lecteur la « vérité » morale d’un sujet quelconque,  mais lui posent des questions pour interpréter à son gré ce qui attire son attention.

            Pour conclure, nous devons concevoir le Nouveau Roman comme une littérature de transition entre deux périodes historiques vraiment distinctes, où l’on a perçu une rupture. C’est ainsi que le Nouveau Roman n’a pas subsisté, bien qu’ils soient restés chez nous des échos nouveau-romanciers qui stimulent dorénavant la marche à suivre de la Littérature contemporaine. 

LA DEMYSTIFICATION DE L’AUTEUR PAR ROLAND BARTHES

Depuis le XIXe siècle la conception de l’auteur a été divinisée par une bourgeoisie qui cherchait à s’affirmer comme une classe sociale puissante par le biais de l’assimilation de cette conception qui, en plus, la simplifiait. Malgré cet effort pour légitimer son influence, au XXe siècle Roland Barthes a brisé les liens qui mettaient l’auteur, ainsi que la bourgeoisie, à la cupule de la société. Pourtant le sémiologue n’a pas placé le travail de l’auteur au même niveau que les métiers bourgeois ; c'est-à-dire que l’auteur n’est plus un être quasi divin ni un homme quelconque.  À ce titre, Roland Barthes a déconstruit la figure de l’auteur qui est « desséchée » à la fin. Le texte n’est plus le moyen à travers lequel l’auteur et le lecteur communiquent, mais l’auteur sert au texte (aux idées) pour communiquer avec le lecteur (interprétations). En d’autres termes, la figure de l’auteur est vidée, ainsi que celle du petit-bourgeois peut-être, afin de donner sa place à une multiplicité d’auteurs-lecteurs qui recrée à leur gré les idées couchées sur le papier ; donc on n’admire point le « génie » (inventio) mais l’ « ingénie » (dispositio et elocutio) du scripteur moderne qui pousse le lecteur pour que celui-ci ne soit pas une entité passive. 

L'INVENTION DU TEMPS

« Quand chaque seconde est comptée, pourquoi dormir ?
Le temps est trop précieux, il faut profiter de son passage. »
Ollivier Pourriol

Il est fort probable que l’homme préhistorique ne connaissait que la lumière et son absence. Il ne savait pas qu’à la fin on appellerait ces événements jour et nuit ; strictement, il voyait l’engloutissement d’une boule de feu par l’horizon, et après l’obscurité totale. Cela se succédait toujours, toujours. Ainsi l’homme est devenu conscient de ces changements, mais il n’est pas parvenu à les définir. Donc, quand est-ce que l’homme a inventé le temps ? Et pourquoi ?

            Certes, on a déjà nommé la lumière jour et l’obscurité nuit, mais à quoi cela sert-il ?  Pour qu’on puisse rendre cette conscience personnelle de la durée tangible et égale pour l’autre, il fallut la matérialiser et, en plus, la mesurer afin qu’on perçoive « réellement » la succession des événements qui nous mèneraient au progrès par le biais de la science –selon le point de vue matérialiste et bourgeois. Cependant, il fut nécessaire d’ajuster plusieurs fois le calendrier, d’inventer les fuseaux horaires, voire de fixer l’heure et l’heure d’été.

            Néanmoins, Bergson n’y croit pas totalement. Il partage plutôt la conscience de l’homme préhistorique que celle de l’homme scientifique, bien que celui-là appartienne au XXe siècle. Le temps qu’on mesure n’est qu’une illusion, dit-il, alors que le temps vécu est perceptible par la conscience humaine. On a l’intuition des événements qui arrivent, c’est vrai ; mais leur durée ne doit pas être mesurable puisqu’on aura l’impression d’amoindrir leur qualité hétérogène, c'est-à-dire personnelle.


            En guise de conclusion, on peut affirmer que l’homme a créé le temps « mesurable » –dont le but est certainement scientifique, parallèlement au temps « perceptible » –la durée réelle selon Bergson, et quoique ces concepts ne soient pas antithétiques, on doit veiller à ne pas les confondre, mais à être conscients de leurs fonctions, s’il en est une, dans l’existence humaine.

domingo, 1 de septiembre de 2013

EL REFERENTE

Eres ese ser que me prende, bebé.  Entre que me ves, me bebes, me vences.
Embelleces de vez en vez. Mereces que te cele.
En el césped lees este eje. El césped reverdece.
Cedes. ¡Qué chévere!
Enseres, enrédense. Esbeltez: el entremés.
Me crece el mequetrefe;  me crece feblemente.
Es breve, esperen. ¡Dejen de verme!
Que persevere, que te desee, que deje de ser pelele de mente.
El que me pende entre el ser se yergue.
Te estremeces.
¿Le temes? Levemente se mete.
Deberé entender que te lele; te lele que entre.
¿Qué me enderece? Depende de que te centres, remedé.
Excelente: encesté tres veces.
¡Detente, eyecté!
El semen se me ve, merde!
De repente te desprendes.
¡Eh! Me decrece. ¡Qué decente!
Desenredé el ser. Decreté el end.
Me perteneces; festejé.
Este mes preveré que me enseñes el Edén.

– ¡Qué pretendes, hereje!

jueves, 23 de mayo de 2013

HOY NO QUIERO HABLAR DE TI

Hoy no quiero hablar de ti
Ni que me busques
Porque no te entiendo
Aunque te conozco bien
No tengo la capacidad para entenderte
Tampoco para encontrarte
¿Dónde estás,
Amor, por qué te has ido?
La noche es más oscura que ayer
Cuando me amabas
No sabía que después de todo
Te irías
Y en medio del vacío me dejarías
¿Quién eres? No importa
Porque cuando se quiere
No debe de existir ninguna duda


Mejor es no hablar de ti
Y pensar que he perdido todo/
Hasta la esperanza
Y la voluntad
Sin embargo estoy seguro
De que no he perdido nada
Si me quedas
Tú y un no sé qué
Que se halla en tu cintura

domingo, 19 de mayo de 2013

MI SEGUNDA PRIMERA VEZ



Dos cuerpos en la oscuridad se reconocen. En silencio ya no pueden contenerse. Se aproximan, se rozan, se acarician. De las párvulas bocas se desprenden gimoteos y besos y lenguas licenciosas. Ojalá existieran más vocales abiertas que pudieran transcribir todos los ruidos. Los labios navegan por donde suele estar el otro rostro. Esos labios ya no besan otros labios; se amontonan en toda la epidermis. Besan cuello, espalda, brazos, muslos. Sobre todo muslos. Y después vienen dudosas las manos que buscan cálida humedad a borbollones. Los últimos perfumes de la inocencia alcanzan a impregnar de fruición los últimos minutos de la pueril lascivia.

Su tacto ahora es inquietante. Sube, sube hasta hundirse en lirios rosados. Y se precipitan hacia el origen de la vida. Se lubrican, se humedecen, se desbordan desde adentro. Adentro. Más adentro. ¿Adentro de qué?

Pero avanzan en el río de sus fluidos, reman y se alejan de la orilla. Los cuerpos se confunden, se funden y se hunden en el placer más jugoso. Ya no se reconocen. ¿Quién soy yo? ¿Quién eres tú?

Más rápido, más rápido.

¡Más rápido!

O más lento…

¿Cómo saber?

Navegar entre cuerpos y fluidos que no entregan sino espuma blanca en las orillas de sus ríos. Flotan, cuánto tiempo. Pero qué importa el tiempo cuando hay sabores líquidos, olores penetrantes, vaivenes del oleaje y arrecifes submarinos. Y un sinfín de néctar de caricias y otros evangelios.

Descansan ahora que no fluyen, que ya no escurren como el agua de los cielos. Descansan entre brazos y cabellos, mojados por el huracán que ellos crearon.

Solo un mar rojizo es lo que queda.



Y una duda: ¿qué somos?

lunes, 18 de marzo de 2013

SÍMBOLO SIN DESCIFRAR


Todo amor es un símbolo sin descifrar,
Y largas notas y días para asimilar.
Si tuviera una pluma, te escribiría.
Si tuviera más imaginación, te dibujaría
En  hojas de cristal para destrozar.
¡Y pobre de ti si tuviera un cuchillo para cortar!
Pero si tuviera más juicio, no lo negaría.
Que si yo tuviera una casa, te recibiría;
Y si lloviera, en ella te resguardaría;
Que si quisieras  sombra, allí te ocultaría.
Si fuera un buen viajero, ya te habría encontrado,
Y en cada nuevo cruce, mil veces te habría saludado.
Si fuera un custodio, te vigilaría;
Mas si fuera cazador, no te cazaría.
Si fuera un sacerdote, como una oración,
Con la lengua entre los dientes, te pronunciaría.
Si fuera un sacerdote, como un salmo secreto,
Con las manos en la boca, te cantaría.
Si tuviera brazos fuertes, te constreñiría;
Si tuviera labios afanosos, te agotaría;
Si mi lengua fuera buena, te hablaría;
Si mis palabras fueran dulces, te detendría;
En la esquina de la calle yo te retendría;
En una cruz cualquiera yo te clavaría.
Y, al contrario, como un ladrón o un asesino,
Vengo de noche para hallarme en tu camino,
Para robarte el paso, el paso y la figura,
Y amarlos de noche, cuando el sueño perdura.
Y amarte a todas horas, horas, horas,
Y matarte al albor de otro amor.
Y amarte a todas horas, horas, horas,
Y matarte al albor de otro amor.
Porque el amor es un símbolo sin descifrar
Y largas notas y días para calcular
Si todo el amor es un signo de adivinación.
Perdona si no tuve el tiempo de aprender,
Si yo no tuve el tiempo de aprender. 

18  marzo 2013
(Traducción libre de 'Carte da decifrare', Ivano Fossati)

NI ROSAS NI ROCES



Remedios recientemente recitaba: ‘rara vez revivo recuerdos’; e interrumpía su risa. Renacía en ella el rencor. La arrastrada de Renata le había robado su ristre. Remedios repentinamente repetía: ‘no le rogaré a la rata de Rafael; que regrese solo arrepentido’. Pero Rafael con Renata, la risueña, prefería hacer ruido. Y sin ropa. ‘Ah, ah, más rápido, más rápido’ rugía Renata en la recámara. Reposaban un rato y recomenzaban el recital. Rafael era ráfaga y Renata se revenía. Revolaban. Revoloteaban. Recaían. 

Remedios renegaba, recelaba, recubría de reconcomios el revés propinado por Rafael. Rafael reconocía en su mujer el rostro del resentimiento y de la derruida realidad. Remedios no podía resistir más: debía arrostrar el reajuste en su ríspida vida. 

Pero el tiempo reptante con ruedas arruinó el reencuentro. Remedios recapacitó y rebobinó su vida sin rebautizar a Rafael. Renata recalentaba el ristre de Rafael sin regodeos: recibirían una recíproca rechifla: la rutina era su rival.

13 enero 2013

jueves, 14 de marzo de 2013

MEXTLI IN TLALTÍCPAC (INACABADA)


A comienzos del año 1428, se terminó el dominio de los tepanecas y su Rey Maxtla sobre Tenochtitlán, Texcoco y Tlacopan. Anteriormente, en el año 1424 México-Tenochtitlán había comenzado a servir al tirano de Azcapotzalco, Maxtla, pues Itzcóatl y los señores mexicas creían que podrían ser aniquilados si no se sometían de la mejor manera ante los tepanecas.
            Por primera vez en la historia de los mexicas, apareció el pensador y guerrero Tlacaélel, que convocó al pueblo mexica para afrontar a los de Azcapotzalco con honor, y sin cobardía, pues Tenochtitlán estaba destinada a ser una gran ciudad. Primero convenció a Itzcóatl, luego se unió Netzahualcóyotl y finalmente el señorío de Tlacopan formando así la Excan Tlahtoloyan o Triple Alianza, y a partir de este momento la historia del pueblo mexica cambiaría radicalmente.
            Poco tiempo después de la batalla contra los tepanecas, Itzcóatl, Tlacaélel y los principales señores mexicas se reunieron para promover una doble reforma, primero la concesión de títulos a los guerreros mexicas que habían destacado en la guerra contra los de Azcapotzalco, y también la repartición de tierras entre el rey, la nobleza, etc.
            Otro suceso importante fue la quema de códices tepanecas y mexicas, esta idea fue del guerrero y pensador Tlacaélel, quien ulteriormente mandó reescribir la historia del pueblo azteca, pero ahora los mexicas estaban emparentados con la nobleza tolteca, Huitzilopochtli estaba situado al mismo nivel que los dioses creadores de los diferentes soles, es decir con Tezcatlipoca y con Quetzalcóatl, y aparecía el espíritu místico-guerrero del “pueblo del Sol”.
            En esos tiempos, Cuacuauhtzin era el señor de Tepechpan, su padre había muerto joven y lo había dejado a cargo de su pueblo. Cuacuauhtzin fue un gran gobernante y guerrero, obtenía grandes cantidades de oro y piedras preciosas, majestuosos atavíos, y esclavos que llevaba a su palacio, pero también escribía, era poeta.
 Desde su infancia, alrededor del año 1420, estuvo alejado de su padre Tencoyotzin, que la mayoría del tiempo se encontraba en campañas militares. Entonces, muy joven ingresó al Calmécac, en el que aprendió a leer y escribir náhuatl, y donde estuvo hasta que tuvo la mínima edad para gobernar Tepechpan tras la muerte en batalla de su padre.
 Su prematura soledad y posteriores desventuras lo marcaron de por vida, porque a pesar de ser un gran guerrero, sus noches eran frías y turbias, no conseguía dormir ya que demasiada obscuridad lo aterraba y solamente la luz de Luna lo podía consolar, pero al pertenecer al “pueblo del Sol”, una sociedad guerrera, no podía mostrar su afección al astro de Cemanahuac, nuestro mundo, por lo que siempre estuvo oculto en su yollotl, corazón, y en un poema que escribió varios años después, que no fue incluido en el diálogo In xóchitl, in cuicatl, “flor y canto” en el año de 1490, hecho por los tlamatinime, sabios náhuatl, que buscaban la verdad de los hombres, del mundo y de los dioses, pero por no abordar ninguno de estos temas, fue excluido.
Por el año 1440, Cuacuauhtzin tenía aproximadamente 30 años, su gobierno en Tepechpan era sólido y congruente, pero él aún no era feliz, por eso vencía en las batallas, tanto era su odio hacia la vida que no tenía compasión de quien se aventuraba a  enfrentarlo y le daba una muerte violentísima. Él tenía a su alcance todos los placeres terrenales que cualquier macehual, campesino, desearía tener, sin embargo, no lo colmaban de alegría.
Su suerte cambió ese mismo año, cuando fastidiado  por todos los bienes que le hacían infeliz, decidió hacerle un gran regalo al señor mexica Temictzin, lo llenó de grandes cantidades de oro, joyas y esclavos. Como muestra de su gratitud, el infante Temictzin, le ofreció a su hija Azcalxochitzin, pero Cuacuauhtzin pensó que era muy joven para que se convirtiera en su esposa, así que ágilmente la aceptó y decidió cuidar de ella hasta que tuviera edad suficiente para llevar a cabo las bodas.
Desde entonces Cuacuauhtzin vivió su vida de una mejor manera, esperando el día en que pudiera estar casado con Azcalxochitzin y tener hijos para heredarles el poder sobre el pueblo de Tepechpan. Fueron años increíbles para éste mencionado poeta azteca, se dedicó a ganar batallas en nombre de su futura esposa y también fue un guerrero reconocido dentro del imperio del “pueblo del Sol”, ya había dejado a un lado el pesimismo que cargaba y se encomendaba ahora a la tarea de hacer feliz a Azcalxochitzin mientras ella alcanzaba una edad adecuada para casarse con él.
Un año antes, Itzcóatl, tlatoani del imperio mexica había conquistado Cuauhnáhuac, Cuernavaca, junto con Tlacaélel, el gran genio de los aztecas, quien en ese lugar hizo que levantaran varios templos para Tláloc y demás dioses, pero especialmente para Huitzilopochtli, a quien empezaron a dedicarle abundantes sacrificios humanos en esa región del imperio azteca. Itzcóatl murió en 1440 y lo sucedió Moctezuma I, pero Tlacaélel siguió con su idea y objetivo de hacer del pueblo azteca el mejor de todo el territorio mexicano, pues fue nombrado cihuacóatl, consejero, del mismo Moctezuma I y su influencia prevaleció alrededor de 50 años desde que Itzcóatl lo consultara, posteriormente Moctezuma I y finalmente Ahuízotl, notándose ampliamente su pensamiento y concepción del  “pueblo del Sol”, hijos de Huitzilopochtli.

20 mayo 2010